miércoles, 11 de abril de 2012

Ciudadanía (s)

Por: Elvis Orellana Espinoza

No deberíamos hablar de una ciudadanía única o universal sino de ciudadanías en plural, ya que siempre estará marcada por rasgos de clase, género, cultura, generación y territorio.

La ciudadanía es un tema generalmente relacionado con los derechos y deberes que tienen las personas al pertenecer a un territorio (país, cantón, etc.). Sin embargo, en la época de los griegos cuando existían las Ciudades – Estado la ciudadanía solo lo podían ejercer personas que cumplían con algunas condiciones y quedaban excluidos los esclavos, los pobres, las mujeres, los infantes, etc. Y esto no solo en la antigua Grecia sino también en el siglo XIX a raíz de la creación de los Estados – Nación en América Latina y del Ecuador.

Algunos científicos sociales mencionan que hay tres tipos de ciudadanía. La ciudadanía civil que implica las libertades individuales como la libertad de pensamiento, la libertad de culto, la libertad de expresión, la libertad de asociación, etc. La ciudadanía política que hace referencia a tener acceso al poder político, es decir, la capacidad de elegir y de ser elegidos para administrar el poder político o el Estado en sus diferentes dimensiones. Y, la ciudadanía social que involucra el bienestar económico, la seguridad, la educación, los servicios sociales, etc. Inclusive con la nueva Constitución Política del Ecuador (2008) hasta la naturaleza tiene derechos; esto tiene sustento en los principios del Buen Vivir.

En el Ecuador han existido diversos procesos de protesta, resistencia y/o movilización para conseguir derechos por parte de varios sectores sociales como los trabajadores, los indígenas, los campesinos, los estudiantes, los jóvenes, las mujeres, los ecologistas, etc. Por ello, antes de hablar de ciudadanía como algo genérico y universal, deberíamos reconocer la existencia de ciudadanías, es decir, en plural.

Ese reconocimiento de la diversidad de ciudadanías permitirá consolidar otro proyecto político, pero también es importante mencionar que estas ciudadanías también deberían ser reconocidas en los territorios locales a través de sólidos procesos de diálogo, participación y concertación, para ello se necesita tener una ética y una vocación democrática, especialmente desde las autoridades.

Cuando existe carencia o déficit de democracia, concretamente de una democracia participativa, que reconozca a las ciudadanías, surgen los conflictos socio-políticos, inclusive como los pueblos son sabios, rechazan la concentración del poder con sólidas movilizaciones y hasta en el momento del voto.

Así, en la historia del Ecuador, se han ido gestando varios movimientos sociales, por ejemplo, uno de los más importantes desde 1928 hacia los años 80 ha sido el movimiento obrero sustentado en las ideas marxistas, socialistas y comunistas “importadas” desde Europa. En el tema de la juventud ha sobresalido el movimiento estudiantil, especialmente en los años 70. El movimiento indígena desde sus movilizaciones en los años 90 ha tomado fuerza en los últimos años; a pesar que se debilitó a inicios de este siglo, nuevamente ha demostrado su poder en los últimos días.

Los partidos políticos son importantes para una democracia, pero hay varios autores y académicos que reconocen que se está gestando otra forma de hacer política, a través de los movimientos sociales como una manifestación de la democracia participativa. Como ya se mencionó, no solamente a nivel nacional, sino también en lo local, que han sido formas de organizativas de participar, concertar y/o también de resistir a ciertos poderes locales y nacionales con rasgos “caudillistas”; y más allá, de que estos movimientos hayan tenido o no la razón absoluta (o la verdad), han constituido expresiones y formas diferentes de hacer política, diferente a la de los partidos políticos y a la política electorera tradicional.

Estos movimientos nacionales y/o locales en cualquier momento se pueden reactivar o consolidar y construir otras formas de poder, desde las bases y desde el pueblo, como una alternativa de ejercer sus ciudadanías, de exigir sus derechos. Así que algunas autoridades o deberán cambiar sus formas de actuar o seguirán afrontando serios conflictos socio-políticos. Hay alguien que decía “es difícil sobresalir tras un fracaso pero es más difícil despertarse del éxito”, haciendo mención sobre una ganancia (éxito) electorera en las urnas.

jueves, 1 de diciembre de 2011

APORTES DE LA PSICOLOGÍA AL BUEN VIVIR

Por: Elvis Orellana Espinoza

Desde varios años las ciencias sociales han realizado aportes importantes a las visiones sobre el desarrollo y en la actualidad incluso está en debate enfoques filosóficos y teóricos sobre el post-desarrollo, esto ha permitido que en el Ecuador se plantee una modelo alternativo al desarrollo. Existen varias aportaciones desde la economía, la sociología, la antropología y desde los estudios culturales, sin embargo, poco se habla de los aportes de la Psicología y en especial de la Psicología Social Comunitaria o Psicología de la Liberación.

Las ciencias sociales en sus debates están dejando a un lado los valiosos aportes que ha tenido y puede tener la Psicología Social y Comunitaria ligada a la teología de la liberación (Leonardo Boff y Gustavo Gutiérrez) y a la pedagogía crítica liberadora (Paulo Freire).

La Psicología Social y Comunitaria surgió en América Latina desde los años sesenta con Ignacio Martín-Baró en El Salvador y Maritza Montero en Venezuela; profesionales que han trabajado en comunidades de base y en organizaciones sociales con la introducción de varias metodologías participativas o la conocida investigación-acción-participante y la educación popular.

En la actualidad Maritza Montero –venezolana licenciada y máster en psicología, doctora en sociología- es una de las mayores impulsoras de la psicología comunitaria, ha teorizado y sistematizado el trabajo realizado en comunidades -urbanas y rurales- rescatando la importancia de los saberes y experiencias populares, donde no se separa la ciencia de la vida cotidiana, sino que se complementan y se apoyan mutuamente.

Por otro lado hay que mencionar que el buen vivir es un proceso que puede ser construido desde una pluralidad de cosmovisiones, sobre todo, de las diferentes nacionalidades y con diferentes aportes desde las ciencias sociales y los estudios interdisciplinarios, ya que es un “modelo” basado en principios fundamentales como la relación armónica entre seres humanos y entre seres humano y naturaleza.

Por todo ello es necesario rescatar la labor que ha tenido y puede tener la psicología social y comunitaria a la construcción del buen vivir.

EMPRENDIMIENTO: una mirada alternativa.

Por: Elvis Orellana Espinoza

Muchos sectores de la sociedad actual han hecho que el término emprendimiento se lo conciba únicamente desde un enfoque económico - utilitarista y han dejado a un lado otras formas de abordarlo, es decir, desde una perspectiva alternativa, ya que también se lo puede estudiar y practicar desde un enfoque más humano.

El emprendimiento es algo muy importante como para ser estudiado y practicado solo desde una ciencia o visión, ya que el mismo es un motor poderoso para el desarrollo de las sociedades. A un emprendimiento, proyecto o empresa, no se lo puede evaluar solamente por sus ganancias (crecimiento económico), es decir, es como que a una persona solo se lo midiera por el dinero que tiene y no por sus experiencias, ideas, conocimientos, valores, etc. Además está lo humano -la creación de empleo digno- e inclusive lo ambiental.

El fin del emprendimiento no debería ser la acumulación de capitales en pocas manos sino la equidad social, la distribución justa de los ingresos, el cuidado del medio ambiente, el trabajo decente, la calidad de vida de los seres humanos; por ello, el emprendimiento es solo un medio para el desarrollo del país, de la región y de los territorios.

El emprendimiento es más allá que la creación de empresas que acumulen capital, es la consolidación de sueños; es hacer que las personas se apropien de sus capacidades y sean los verdaderos actores de su vida; es más allá que las investigaciones de mercado y de los análisis financieros, implica que las personas luchen por sus ideales y por el bienestar colectivo con responsabilidad.

Para que se dé el emprendimiento en un territorio es necesario una serie de factores que se interrelacionan en una red sistémica de apoyo que involucra políticas públicas, educación, asistencia técnica, espacios de concertación y construcción de un tejido social sólido entre los actores (autoridades, universidades, centros de capacitación, incubadoras de empresas, consultoras, etc.). Es decir, hay que desarrollar territorios enfocados en la creatividad, la innovación, la equidad y la sostenibilidad.

Si el emprendimiento es una herramienta clave en los procesos de desarrollo local, entonces los gobiernos son los llamados a ser los promotores y gestores del tejido social. Por ello es importante la articulación entre el sector público, el privado y la sociedad civil en la formación de la cultura emprendedora.

Actualmente varias organizaciones, instituciones y universidades en sus programas de educación y formación para el emprendimiento no solamente incluyen aspectos relacionados con la parte económica sino sobre responsabilidad social empresarial, conciencia ambiental y apoyo a las comunidades donde se ubican. Es decir, hay que formar emprendedores con ética social y ambiental.

En todo el mundo cada vez toman fuerza los casos de éxito en responsabilidad social empresarial, donde se incluye al talento humano en la toma de decisiones o por ejemplo cuando los empresarios asumen compromisos con las familias de sus trabajadores y empleados en desarrollar capacidades para que mejoren sus ingresos o aportan con becas para los hijos. Además existen casos donde las grandes empresas incluyen como sus proveedores a otras empresas asociativas del sector rural y establecen proyectos para que mejoren la calidad de los productos y servicios.

Justamente en los procesos educativos para emprendedores es donde se debe dar mayor énfasis para que las empresas no estén alejadas de su sociedad. Además es trascendental que se incorporen a los adolescentes y jóvenes como actores claves para contribuir con propuestas respecto al sistema educativo para el emprendimiento y conectado con sus realidades y necesidades, donde el Estado priorice a la educación como un pilar fundamental para el desarrollo del país y garantice a todos los ciudadanos y ciudadanas el derecho de tener una educación de calidad, además con la perspectiva inclusiva, pluralista, diversa e intercultural.

Muchas deficiencias en la calidad de la educación en América Latina conllevan a una serie de problemas que hoy asumen los jóvenes, por ejemplo, no se les prepara integralmente para incorporarse al mundo laboral, porque vivimos una realidad muy diferente en las aulas; es una educación demasiado teórica que impide el emprendimiento de las personas, por lo tanto, se deben establecer todos los mecanismos adecuados para articular educación y trabajo, como por ejemplo, promover la creatividad, la innovación y el emprendimiento de tal manera que todas las personas tengan las mismas oportunidades para acceder a un trabajo digno aplicando sus conocimientos y aptitudes con sus propias iniciativas, para que todos tengan oportunidades de acceso a un trabajo digno, exista equidad, y no solamente pocas personas acumulen la riqueza y tengan más privilegios que otros.

Por otro lado, sería importante que se establezcan estrategias que permitan al Estado garantizar la calidad en los servicios para el emprendimiento, y que se pueda contar con capacitación, acompañamiento y asesoría para la consolidación y sostenibilidad de iniciativas, emprendimientos y/o proyectos sociales, productivos, tecnológicos, etc., planteados por los estudiantes y jóvenes. Es decir, fomentar la cultura emprendedora con especial énfasis de la innovación, despertar la creatividad.

También el Estado debe garantizar una educación dual (Teórico – Práctica) que permita a los estudiantes tener experiencias de emprendimiento previas para que posteriormente no tengan dificultades al momento de su inserción laboral, como por ejemplo, promover mecanismos para que las empresas, organizaciones de la sociedad civil asuman la RESPONSABILIDAD SOCIAL con el sistema educativo y se puedan generar vínculos importantes para integrar la educación, el trabajo y el emprendimiento, sin intereses particulares, corporativos o clientelares.

Para ello, se necesita de profesores y docentes convertidos en promotores del emprendimiento juvenil, capaces de desarrollar actividades pedagógicas conectadas con la motivación empresarial, las técnicas de creatividad, la elaboración de planes de negocio, conocedoras de la realidad del país en cuento tengan que ver con los sectores estratégicos y las cadenas de valor priorizadas a nivel nacional, regional y local.

Contar con infraestructuras adecuadas como laboratorios de investigación, parques tecnológicos, incubadoras de empresas, semilleros de emprendedores, clusters universitarios y territoriales, capaces de desarrollar la innovación a través de la investigación y la capacitación continua. También lanzar concursos para el emprendimiento, donde los jóvenes y estudiantes participen y presenten sus ideas de negocio.

Para que América Latina pueda desarrollarse sosteniblemente, el Estado debería promover un sistema educativo que forme a ciudadanos/as conocedores de la realidad del país, que puedan exigir sus derechos y deberes como agentes de transformación social. Una educación de calidad implica también que todos/todas accedan a las tecnologías de la información, que se formen a futuros investigadores y científicos que puedan plantear y ejecutar propuestas, proyectos y programas en la búsqueda de mejorar su calidad de vida y la de los demás, para tener un Ecuador más justo, solidario y equitativo.

Por otro lado, también hay que resaltar que los procesos relacionados al emprendimiento deben estar enfocados en los planes territoriales y nacionales de desarrollo.

El emprendimiento no es un tema de moda, es una herramienta necesaria para mejorar el nivel de vida de las personas, pero al mismo tiempo puede ser mal utilizado para seguir concentrando la riqueza en pocas manos. Por ello, los programas de promoción y fomento al emprendimiento generados desde el sector público, del sector privado o desde la sociedad civil deberían incluir a los sectores tradicionalmente excluidos del sistema económico y social.

2011

domingo, 31 de octubre de 2010