No deberíamos hablar de una ciudadanía única o universal sino de ciudadanías en plural, ya que siempre estará marcada por rasgos de clase, género, cultura, generación y territorio.
La ciudadanía es un tema generalmente relacionado con los derechos y deberes que tienen las personas al pertenecer a un territorio (país, cantón, etc.). Sin embargo, en la época de los griegos cuando existían las Ciudades – Estado la ciudadanía solo lo podían ejercer personas que cumplían con algunas condiciones y quedaban excluidos los esclavos, los pobres, las mujeres, los infantes, etc. Y esto no solo en la antigua Grecia sino también en el siglo XIX a raíz de la creación de los Estados – Nación en América Latina y del Ecuador.
Algunos científicos sociales mencionan que hay tres tipos de ciudadanía. La ciudadanía civil que implica las libertades individuales como la libertad de pensamiento, la libertad de culto, la libertad de expresión, la libertad de asociación, etc. La ciudadanía política que hace referencia a tener acceso al poder político, es decir, la capacidad de elegir y de ser elegidos para administrar el poder político o el Estado en sus diferentes dimensiones. Y, la ciudadanía social que involucra el bienestar económico, la seguridad, la educación, los servicios sociales, etc. Inclusive con la nueva Constitución Política del Ecuador (2008) hasta la naturaleza tiene derechos; esto tiene sustento en los principios del Buen Vivir.
En el Ecuador han existido diversos procesos de protesta, resistencia y/o movilización para conseguir derechos por parte de varios sectores sociales como los trabajadores, los indígenas, los campesinos, los estudiantes, los jóvenes, las mujeres, los ecologistas, etc. Por ello, antes de hablar de ciudadanía como algo genérico y universal, deberíamos reconocer la existencia de ciudadanías, es decir, en plural.
Ese reconocimiento de la diversidad de ciudadanías permitirá consolidar otro proyecto político, pero también es importante mencionar que estas ciudadanías también deberían ser reconocidas en los territorios locales a través de sólidos procesos de diálogo, participación y concertación, para ello se necesita tener una ética y una vocación democrática, especialmente desde las autoridades.
Cuando existe carencia o déficit de democracia, concretamente de una democracia participativa, que reconozca a las ciudadanías, surgen los conflictos socio-políticos, inclusive como los pueblos son sabios, rechazan la concentración del poder con sólidas movilizaciones y hasta en el momento del voto.
Así, en la historia del Ecuador, se han ido gestando varios movimientos sociales, por ejemplo, uno de los más importantes desde 1928 hacia los años 80 ha sido el movimiento obrero sustentado en las ideas marxistas, socialistas y comunistas “importadas” desde Europa. En el tema de la juventud ha sobresalido el movimiento estudiantil, especialmente en los años 70. El movimiento indígena desde sus movilizaciones en los años 90 ha tomado fuerza en los últimos años; a pesar que se debilitó a inicios de este siglo, nuevamente ha demostrado su poder en los últimos días.
Los partidos políticos son importantes para una democracia, pero hay varios autores y académicos que reconocen que se está gestando otra forma de hacer política, a través de los movimientos sociales como una manifestación de la democracia participativa. Como ya se mencionó, no solamente a nivel nacional, sino también en lo local, que han sido formas de organizativas de participar, concertar y/o también de resistir a ciertos poderes locales y nacionales con rasgos “caudillistas”; y más allá, de que estos movimientos hayan tenido o no la razón absoluta (o la verdad), han constituido expresiones y formas diferentes de hacer política, diferente a la de los partidos políticos y a la política electorera tradicional.
Estos movimientos nacionales y/o locales en cualquier momento se pueden reactivar o consolidar y construir otras formas de poder, desde las bases y desde el pueblo, como una alternativa de ejercer sus ciudadanías, de exigir sus derechos. Así que algunas autoridades o deberán cambiar sus formas de actuar o seguirán afrontando serios conflictos socio-políticos. Hay alguien que decía “es difícil sobresalir tras un fracaso pero es más difícil despertarse del éxito”, haciendo mención sobre una ganancia (éxito) electorera en las urnas.